lunes, 10 de enero de 2011

juicios


No existe quien con la suficiente capacidad moral para recriminar las acciones cometidas de los demás; Que cada quien se lama sus propias heridas,que cada quien vele por sus propios aciertos pero sobre todo que procure enmendar esa gran cantidad de errores cometidos en silencio, bajo el eterno alero del ciudadano perfecto.

Todos cometemos errores, todos guardamos nuestros deseos y muchos los desatamos aun cuando se encuentran fuera de lo moralmente establecido, de lo socialmente aceptado. Y bien pues, como muchas veces escuche en el periodo escolar; la libertad de cada quien termina en los derechos del otro, entonces mientras no se vea afectada esta maravillosa ley sigue siendo decisión propia todo lo que respecta a qué hacer y con quién. Esto de manera absoluta y personal. Por ejemplo; durante muchos siglos se consideró una enfermedad la homosexualidad, pues se encontraba fuera de los parámetros de aceptación, se encontraba lejos de lo mencionado por los libros sagrados, aun y cuando la mayoría de los magistrados y decretores de las leyes fueran tan "enfermos" como los pobres condenados y aun hoy, si . Aun hoy se miran con asco y recelos las tendencias personales, se grita al viento que hay que respetarlos, pero se aminoran y se dañan con el asco que en general llegamos a sentir.... Somos seres corruptos, mentirosos. De mil y un caras. Tambien con las mujeres, desde hace un tiempo la tan mencionada liberación femenina a instaurado el respeto y el concepto de igualdad entre los sexos, pero en definitiva y detrás de las conversaciones sigue existiendo un abismo. Aun cuando concuerdo que no se deben confundir los roles, es injusto y aberrante el hecho de escuchar como nos tratamos muchas veces entre mujeres, nos juzgamos y nos referimos entre nosotras como puta, perra, maraca. Incluso el concepto de caliente es malo si se habla de una mujer, pues seguimos contando con el machismo imperante en esta sociedad demasiado cambiante para algunas cosas y estática para otras.

Juzgamos y castigamos a los otros, por lo que hacen, nos preocupamos de ser puritanos ante los ojos ajenos, pero no de actuar como tales. Procuramos ser ciudadanos modelos, pero pecamos las peores bajezas y caemos ante la tentación. Ocultamos siempre nuestros deseos y escondemos nuestros sueños, no somos capaces de vivir la luz de gozar la vida y castigamos por derecho implantado a quienes valientes se atreven a incursionar en el descubrimiento de la vida. Entonces y en definitiva, todos nos alejamos alguna vez de las "leyes", todos pecamos, ya sea de soberbios o de caer ante nuestros instintos. Contamos con ese derecho, somos humanos. Por eso , de manera tajante puedo reconocer que no existe quien con derecho suficiente de interferir, opinar o inmiscuirse de manera alguna en las acciones ajenas, de influir de ninguna forma en mis decisiones.

Que la libertad se exprese con felicidad.

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