Sumergida en las sorpresas del recuerdo espero aquel presente que me cuente una historia capaza de llevarme al encuentro de mis sueños; Sentada a la par de una montaña. Estática, en movimiento constante y elocuentemente aferrada a la vida, me entrego a la armonía de sentirse distante, de poder encontrarme.
He meditado lo suficiente y muchas veces me faltan las ganas y me sobran las ideas para entender de qué se trata todo esto, qué ha llevado a convertirme en un ser afable y sin pensamientos.
Pienso, pienso para no escuchar el silencio, escucho las voces lejanas de una conversación absurda, de críticas hiperventiladas y sensaciones superfluas.
Vivo, vivo para encontrar el mañana, para sentir la armonía de ser una maraña de ideas, recuerdos, de corazonadas y sentimientos.
Siento, siento el sentimiento de la absurda apatía de no sentir.